la mujer en el siglo XVIII

ESCRITORAS NEOCLÁSICAS EN EL SIGLO XVIII



El desprecio tradicional de la condición femenina venía recluyendo a la mujer en lo que se consideraban las tareas propias de su sexo: atender al marido, criar los hijos, llevar la economía doméstica, hilar y dirigir a los criados. Recluida en casa, no hacía vida social salvo para ir a las funciones religiosas. También le vedaba la costumbre cualquier osadía intelectual, aunque fuera la de simple lectora, so castigo de ser motejada de «bachillera». Bien es cierto que la historia ofrecía en el pasado gloriosas excepciones de escritoras y lectoras en el ámbito femenino que, con todo, no fueron número suficiente para elevar la condición de la mujer como grupo social.

Los historiadores, y aún la eminente feminista Margarita Nelken, han subrayado la importancia del siglo XVIII en la promoción general de la mujer española, aunque no existe un criterio uniforme sobre la profundidad del mismo. Este progreso está ligado, sobre todo, al asentamiento del ideario ilustrado, y podemos afirmar que es una de sus conquistas más brillantes. Por ese motivo conviene añadir que esta transformación social sufre idénticos avatares que el pensamiento reformista y que alcanza sus momentos de máximo esplendor en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, coincidiendo con el reinado de Carlos III. Decrece, por contra, cuando acceden al poder políticos conservadores, tras la experiencia traumática de la Revolución Francesa (1789).

Fernández-Quintanilla llega a afirmar, quizá exageradamente, que la fémina acabó convirtiéndose en «un factor determinante de la estructura social [...]: es la mujer quien va a ser la reina de la ciudad, la que creará modas y costumbres, impondrá autores y actrices, protegerá a artistas y apoyará a toreros y comediantes». Rompiendo la estructura tradicional, la mujer sale de casa, se integra en la sociedad y la anima, pasea por El Prado, asiste a las botillerías, se enriquece intelectualmente o se distrae en las tertulias, participa en las diversiones públicas (toros, teatro, bailes). Va cambiando paulatinamente la relación entre los sexos, según describió Carmen Martín Gaite5.

Esta nueva situación propicia el crecimiento de las aficiones culturales y literarias de las damas, cosa que se hace más evidente en la segunda mitad de siglo. Podemos rastrear sus nombres en las historias de la literatura femenina española o en los catálogos generales de escritoras desde los clásicos de Serrano y Sanz (1903-4), Nelken (1930), ya citada, Calvo Aguilar (1954) a los más modernos de Galerstein (1986), Gould Levine (1993), Ruiz Guerrero (1997), Zavala (1997) , o la reciente Enciclopedia biográfica coordinada por Martínez, Pastor, Pascua y Tavera (2000). Obviamente para reconocer a las escritoras del siglo XVIII hemos de acudir igualmente a la magna Bibliografía de autores de Aguilar Piñal. En resumidas cuentas el repertorio de escritoras va creciendo a lo largo del Setecientos superando con creces el centenar, a pesar de que tenemos un conocimiento muy desigual sobre las mismas y se trata de un campo todavía abierto a la investigación.

Además de una bibliografía específica sobre algunas de las escritoras, existen trabajos generales sobre cada uno de los géneros: las dramaturgas, las poetisas y las narradoras, tienen sus estudios propios. Las musas inspiraron generosamente a las mujeres en el género poético, en el que hallamos representantes en las distintas modalidades líricas que estuvieron de moda a lo largo del siglo. Encontramos algunas literatas con personalidad propia, que conviven dignamente junto a los poetas varones. No las olvida la conocida antología de Poetas líricos del siglo XVIII del marqués de Valmar en la que se recogen versos de María Gertrudis Hore. En el largo prólogo introductorio, algo anticuado ya de información, da cuenta de la existencia del Parnaso femenino en los siguientes términos: «No debemos dar por terminado el cuadro histórico de la poesía castellana del siglo XVIII, sin recordar que las damas, con su dulce y civilizadora influencia, y no pocas veces con su ejemplo, alentaron las artes y las letras, contribuyendo así al desarrollo de estas fuerzas de la cultura humana». Disponemos además de sendas colecciones dedicadas expresamente a recoger composiciones de mujeres de todos los tiempos: la más antigua, con ajustadas notas estimativas sobre nuestras escritoras, realizada por el experto Serrano y Sanz bajo el título de Antología de poetisas líricas (1915), y la más reciente la de Poetisas españolas. En ambas se recoge una muestra suficiente de poetisas del Setecientos, que da fe de la importancia de este fenómeno literario. de Luzmaría Jiménez Faro (1996)

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